Una feminista nació.

Nueve meses se gestó, luego de diez horas de trabajo duro de mamá al mundo conoció, pero después de una vida ella por fin vivió; su padre claramente quería un varón, pero le juro que no señor, nosotras valemos hasta más que su balón.

Seis años después comenzaron los problemas “¡es inútil! Como tú, débiles mujerzuelas” Y aquella niña no comprendía cuál era esa forma de amar en la que sólo te hacen llorar.

A los doce el cambio empezó, y con el pasar del tiempo aquel “amor” también cambió, pero ya no era edad para cariñitos, ni para juegos bruscos ¿qué no esos son para niños?

Un día ella no tuvo suerte más, para parar aquellos “juegos” no se encontraba mamá, tenía catorce y aun así apenas era consciente de que fue violación, del horror que aún después la dejaría doleciente y a su padre no pudo mandar a prisión.

A los dos años los gritos de nuevo entraron, los feminicidios habían aumentado, y aquel cerdo decía: “¡Por zorras! ¡Ellas se lo buscaron!” aquello e confundía más, no sabía qué fue lo que pasó ¿cómo es que ella se lo buscó? ¿Entonces era la culpable de todo aquel dolor?

A los veinte ella fue a la universidad y ya no regresó, pero no se asusten, por fin reaccionó, una mañana se fue de esa casa llena de rencor, para mirar hacia adelante y denunciar a aquel señor.

El día que a ese infierno llegó la policía su pobre madre suplicaba perdón pues ella decía que nunca se enteró, y tal vez sí lo hizo pero por miedo lo calló, así como calló su ojo morado y su triste subordinación al patriarcado.

Y así va la historia de aquella que hoy se denomina feminista, una de tantas con miles de heridas, que no marchan unas sino marchamos todas, gritamos por justicia por revolución y porque toda la sociedad patriarcal comience su deconstrucción.

– I.V.

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¿No te duele?

Les voy a intentar lavar un poco el cerebro porque la conciencia no puedo, ¡Ay México lindo! ¿No te duele?

Ese panteón ya casi vomita, llora historias en las que pudo ser que “calladita me viera más bonita”.

¿Cómo está eso que aquí en México nos echamos 10 tacos de una mordida y algo por ahí de siete mujeres al día?

No se me ofendan muchachas, si al negarse les dicen “pinches feministas” porque les juro no somos a las que les hablan los coches mientras corren trabajando de noche. Pero que valientes ellas, y que tristes ¡me lleva! Porque no valen menos, ahí les va el dato ‘machitos’ majaderos.

Nuestra piel ahora es nuestro lienzo tú decides si pintar las cadenas de hierro, ahora depende de ti cambiar lo que tu hijo lleve en la memoria las feministas estamos haciendo historia.

Porque te dije que no, que no quiero, no quiero una más ni cinco menos. No quiero la culpa cortando mis alas, no quiero recuerdos que me acusen de temerlos.

Ni una más, ni dos, ni siete diario, ni cuarenta y tres al año.

-I.V.